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Cuando llega la agitación del amamantamiento

La maternidad es un camino intenso que además, no tiene escapatoria. Debes afrontar cada situación, aprender a aceptarla, ser capaz de tomar decisiones, valorar tus necesidades, valorar las necesidades del bebé, de la pareja… es todo un reto conseguir un equilibrio, ¿verdad?En casa estamos pasando una época muy intensa últimamente.

Desde que va a la guarde nuestros reencuentros son siempre “tetiles“, y hasta ahora estaba encantada. Nuestro ratito de conexión después de tanto tiempo separados y de echarnos de menos. Los dos llevamos la separación bastante bien, en parte, nos hacía falta (eso lo contaré en otro post dentro de poco).

Sin embargo, últimamente ¡tengo un rechazo cuando llego y me mete la mano por el escote para pedir teta!

Nuestro pequeño no ha sido nunca de dormir mucho tiempo sin reclamar. Hasta bien mayor no ha dormido solo durante un ratito. En cuanto desaparecemos de su lado se despierta y llora.

Ahora, con 17 meses, ya hace algunos meses que hemos conseguido dormirle salir de la habitación para estar un ratito relajados en el sofá, tener una conversación de adultos, de pareja, recoger la cocina o lo que requiera el momento. Sin embargo, rara es la vez que aguanta más de una hora dormido antes de despertar la primera vez.

Y cuando se despierta, teta. Hemos tenido épocas que quería dormir enganchado a la teta toda la noche, agotador. Amanecía yo con dolor de espalda y agotada. Aún así no me he decidido nunca por el destete nocturno, a pesar de que otras amigas me contaban su experiencia y lo que les había ayudado llevarlo a cabo.

De esas temporadas hemos tenido, como poco, dos. Pero larguitas. En estas temporadas ya no me refiero a que se despierte x veces en la noche, sino a que no suelta la teta en toda la noche y si se la quito, menudo pollo. Desesperante.

Diría que Mario nunca ha tenido una noche de despertarse sólo 2 veces, casi seguro que ni 3. La parte buena de la teta es que habitualmente se enchufa un momentito y se duerme enseguida. Y todos tan felices. La parte mala… es que últimamente tarda bastante en alguno de los despertares y cuando ya se la quito de la boca tenemos montado el espectáculo. Y menudo carácter se gasta. Lo tiene claro. Grita, se pone a dar patadas, si le intento acariciar me quita la mano con mucha mala leche… Y la bronca dura bastante tiempo. En muchas ocasiones por no desvelarnos tanto le vuelvo a dar teta y a dormir. Pero son noches agotadoras.

Y luego, madrugar. Y la desesperación de la falta de sueño. Ya casi año y medio y no tiene pinta de avanzar.

Y este cansancio últimamente me genera rechazo a la lactancia. Rechazo a que me pida teta. Rechazo a ofrecérsela. Por la noche, cuando tarda un poco más de la cuenta en dormirseno lo soporto. Se la tengo que quitar en modo “es mía y quiero recuperarla”. Y no estamos bien.

Agitación del amamantamiento.

Este rechazo se llama “agitación del amamantamiento” y es algo natural. Ocurre a menudo. Y es algo que hay que contar y debe saberse, ya que tendemos a culpabilizarnos y a sentirnos las peores madres del mundo.

Imagino que él no lo entiende. Yo le explico. Pero no estamos bien. Él quiere, yo no quiero. Cuanto menos quiero yo, más quiere él. Si quiero jugar con él, él quiere teta. Y es mono tema entonces. Y yo quiero poder hacer con él más cosas que darle sólo teta. Menuda mezcla de sensaciones, ¿eh?

El caso es que hemos llegado a un punto difícil. Después de tantas épocas de desesperaciones nocturnas, que pueden estar relacionadas con la teta (o no), pero que me afectan a mí directamente, hay que dar algún paso. Yo siento que estoy atrapada y no veo el final del túnel.

Sin embargo hace sólo dos meses que ha empezado la guarde y también lo echo de menos durante el día. Hay días que ya sólo toma un par de veces (eso sí, de los dos pechos y un buen rato de mimos y jugueteo). Y me da nostalgia. Así que no estoy preparada aún para destetarlo. Entiendo que son procesos naturales, que los bebés crecen, aprenden a caminar, aprenden a controlar esfínteres, se destetan… y las madres somos las que peor lo llevamos en muchas ocasiones, no queremos que crezcan. En mi caso, cada etapa nueva que vivimos con él me gusta más que la anterior. Acepto bien que crece, que hace cosas nuevas, evoluciona. ¡Y me encanta! Pero en cuanto a la lactancia… aún no estoy preparada. Lo acepto. Llegará el momento.

¿Entonces? Yo no quiero seguir atrapada en esta situación de falta de sueño, de agotamiento. Ya no puedo más.

Hablando con su padre, comprensivo y amoroso, hemos decidido el destete nocturno. Y digo hemos porque también es decisión suya. En el sentido de que la colaboración de los padres en el destete nocturno es muy importante.

Así que llevamos unos días separados por la noche. Me he mudado al salón y estamos aplicando el “método padre“. Yo le duermo con la teta la primera vez y después ya desaparezco hasta la mañana siguiente. Se ocupa él en cada despertar. Llevamos unos días y ya los echo mucho de menos por la noche.

Y yo le oigo llorar y despertarse, pero no acudo. Y por fin, esta vez, lo tengo claro, soy capaz. Quiero que salgamos del bucle. Quiero volver a disfrutar con nuestros momentos juntos y para ello necesito descansar. ¿Alguien me garantiza que vaya a despertarse menos habiéndose destetado? No. Pero algo tengo que hacer. Nuestra relación familiar está en juego. ¡No puedo seguir sintiendo ese rechazo hacia mi hijo! Con tal de que no me pida teta a veces hasta huyo de él. No puede ser…

A veces oigo un llanto suave y que se calma enseguida. Otros despertares son más agitados y duran un rato más. Su padre tiene una paciencia infinita y me ha relevado en la tarea que llevo haciendo yo estos 17 meses.

Qué difícil situación… pero seguro que avanzaremos y todos nos iremos adaptando. Por ahora se sigue despertando mucho. Las dos últimas noches han sido difíciles. Pero yo intento descansar un poco para disfrutar de él por las tardes y poder ver este proceso del destete nocturno como parte de nuestras vidas, no como algo que me consume por completo.

¿Has pasado por esto? ¿Qué decisión tomaste? ¿Fue fácil? Cuéntame, hagamos una piña de mamis amorosas.